A pesar de la antigüedad de muchas tradiciones de la Iglesia, la JMJ comenzó hace pocos años. Fue en el Año Santo de 1975, cuando Pablo VI llamó a Roma a la juventud católica tras la Marcha Internacional de Reconciliación Cristiana celebrada entre Asís y Roma.
La convocatoria la repitió en 1984 Juan Pablo II. En aquella ocasión se reunieron en Roma 300.000 jóvenes. La buena acogida a esta llamada animó a Juan Pablo II, el “Papa de los jóvenes”, a instituir la Jornada Mundial de la Juventud. La cofundación de la JMJ se atribuye al cardenal Eduardo Pironio, del Pontificio Consejo para los Laicos, que se lo habría sugerido al Papa.

Al cumplirse ahora 30 años desde que san Juan Pablo II instituyó las Jornadas Mundiales de la Juventud, Francisco hace hincapié en que «esta peregrinación juvenil a través de los continentes, bajo la guía del Sucesor de Pedro, ha sido verdaderamente una iniciativa providencial y profética». Y, exhortando a dar gracias al Señor por los abundantes frutos que ha dado en la vida de muchos jóvenes en todo el mundo, destaca «cuántos descubrimientos importantes, sobre todo el de Cristo Camino, Verdad y Vida, y de la Iglesia como una familia grande y acogedora. Cuántos cambios de vida, cuántas decisiones vocacionales han tenido lugar en estos encuentros».
Con el anhelo de que el santo Pontífice, Juan Pablo II, Patrono de la JMJ, «interceda por nuestra peregrinación a su querida Cracovia. Y que la mirada maternal de la BienaventuradaVirgen María, la llena de gracia, toda belleza y toda pureza, nos acompañe en este camino», el Papa Francisco fecha su mensaje, firmado en el Vaticano, el 31 de enero de 2015, Memoria de San Juan Bosco, fundador de los salesianos, padre y maestro de los jóvenes.
Sin olvidar la importancia de la oración, recordando a Santa Teresa de Ávila, en el V centenario de su nacimiento en España, y de la lectura de la Sagrada Escritura, para encontrarse con el Señor, Francisco les pide a los jóvenes que «no olviden: la voluntad de Dios es nuestra felicidad».
Delegación de Infancia y Juventud de Santiago

Inaugurando la Pascua
Te acogemos, Jesús, David pascual,
con hosannas de palmas y de olivos
y a tu paso alfombramos redivivos
el camino de tu Pascua personal.
Entra, Cristo, en nosotros; y que el mal,
el dolor y la muerte destructivos
cambien trenos en cánticos festivos
con tu cruz victoriosa por señal.
¡No hablen piedras, mas sí niños hebreos
canten loas al Nombre del Señor
concelebrando en sacros jubileos
la fecunda Matriz que, con dolor
pasional, alumbró gloria y trofeos
de Pascua a neófitos del Amor!
D. Juan Sánchez Trujillo.