VI JORNADA MUNDIAL DE LOS ABUELOS Y PERSONAS MAYORES
JORNADA DIOCESANA DE LOS ABUELOS
EN LA CATEDRAL DE CIUDAD REAL
Jornada diocesana de los abuelos: encuentro, oración y gratitud
La celebración del Día de los Abuelos, unida a la memoria
litúrgica de los santos Joaquín y Ana, constituye una ocasión privilegiada para
reconocer públicamente la misión insustituible de los mayores en la vida de la
Iglesia y de la sociedad.
Los abuelos no son únicamente memoria del pasado: son raíz,
ternura, sabiduría, fe transmitida, paciencia, oración silenciosa y presencia fiel.
En muchas familias han sido quienes han sostenido la fe, quienes han enseñado a
rezar, quienes han acompañado en las dificultades y quienes han mantenido viva
la esperanza cuando todo parecía debilitarse.
Por ello, la celebración del 26 de julio no debería
reducirse a una sola misa, sino convertirse en una verdadera jornada de
acogida, gratitud y comunión eclesial. Una tarde en la catedral, cuando baje el
calor, puede ser un signo hermoso de la Iglesia que abraza a sus mayores, los
escucha, los honra y los pone en el centro de la comunidad.
La propuesta que sigue busca ofrecer una celebración
sencilla, y cálida y profundamente pastoral.
Y el mensaje de
fondo:
“Estés donde estés, la
Iglesia te celebra.”
1. Fundamentación
bíblica
La Sagrada Escritura presenta a
los mayores como portadores de bendición, memoria y sabiduría.
* «Corona de los ancianos son
los hijos de los hijos» (Prov 17,6).
* «No desprecies los relatos de
los ancianos, porque ellos también aprendieron de sus padres» (Sir 8,9).
* «En la vejez seguirán dando
fruto» (Sal 92,15).
* «Acuérdate de los días
antiguos, considera las edades pasadas» (Dt 32,7).
* «La fe que habitó primero en
tu abuela Loida y en tu madre Eunice» (cf. 2 Tim 1,5).
En la historia de la salvación, Dios se sirve de personas
mayores para cumplir sus promesas: Abraham y Sara, Zacarías e Isabel, Simeón y
Ana. La ancianidad no aparece como un tiempo de inutilidad, sino como una etapa
fecunda en la que la fe madura, la esperanza se purifica y el amor se vuelve
más gratuito.
Los abuelos cristianos son, muchas veces, como Simeón y Ana:
reconocen al Señor, lo anuncian y lo presentan a las nuevas generaciones. Su
vida, aun cuando esté marcada por la fragilidad, sigue siendo una bendición
para la Iglesia.
“Abuelo, trae a tus nietos a
la catedral: la Iglesia quiere daros las gracias.”